• Redacción Marca Poder

RUDECINDO VEGA: "LO PEOR QUE NOS TOCA A LOS PERUANOS ES TENER UN GOBIERNO PERDIDO Y DESCONCERTADO"

Actualizado: sep 4

El presente y el futuro del Perú se ven seriamente dañados por un fenómeno estructural como la informalidad, una ineficiente capacidad gubernamental y la desgracia de una pandemia agresiva y devastadora. Las tres han formado una trenza mortal en términos humanos y de expectativas y esperanzas del país. Lo peor que nos toca a los peruanos es tener un gobierno perdido y desconcertado cuya única estrategia es la obsesión por su aprobación en la siguiente encuesta. Más terrible todavía, es la nula presencia de líderes y propuestas políticas, que siquiera nos anuncien, quienes serán nuestras futuras autoridades, como resolverán esta penosa y pesada situación en que nos deja esta trenza mortal y como transitaremos la recuperación y reconstrucción para la siguiente década. Nuestro futuro como personas y como país, en el mejor de los casos, es incierto.


UNA TRENZA MORTAL:

INFORMALIDAD, INCAPACIDAD GUBERNAMENTAL Y PANDEMIA.

Las siguientes líneas, abordan dos factores de dicha trenza, los menos referidos: la informalidad y la incapacidad gubernamental. A partir de ellas tratamos de entender la tercera: la pandemia del coronavirus, que habiéndonos parecido tan lejana hoy esta tan presente desnudando más nuestras carencias que bondades.


LA IN​FORMALIDAD. La estructural informalidad nacional ha sido y es el terreno fértil para que una pandemia como el coronavirus tenga un impacto letal en el Perú, en todos sus sentidos, en su llegada y multiplicación, en la inexistencia de capacidades y equipos para combatirla y, en las medidas para combatirla o mitigar su brutal impacto. Las medidas gubernamentales pueden funcionar para el mundo formal y poco o nada para el mudo informal. En el Perú, un gran aliado para la expansión de la pandemia es y ha sido la informalidad. Ella explica los cientos de miles de contagiados, ella explica las decenas de miles de muertos, ella explica la desgracia económica y el destrozo del empleo nacional, ella explicara seguramente el incremento de la pobreza y la extrema pobreza, ella explicara en gran parte nuestra incertidumbre de cara al futuro. Según cifras oficiales del INEI, el sector informal en la economía del país el 2007 era de 18.9% del PBI y el 2017 fue de 18.6% y en términos de empleo configuraban un empleo informal de 80% el 2007 y de 72.5% el 2017. Ambas cifras, fueron parte del buen momento de sostenibilidad y crecimiento de la economía del Perú; y aún, en esa situación de sostenido crecimiento, la informalidad tenía un peso importante en la economía nacional y más todavía en el empleo en el país. La informalidad es un fenómeno estructural y constitutivo de la sociedad peruana. Nuestro máximo historiador Jorge Basadre lo expresó en su clásica definición del Perú Formal y el Perú Real. A comienzos de los 80 José Matos Mar la interpretó como el gran “desborde popular del Estado” ocurrido en el Perú por obra de los ciudadanos ante la ausencia del estado. Pocos años después, en esa misma década, Hernando de Soto con “El otro sendero” intentaba explicar la informalidad nacional a partir de la sobre presencia burocrática del estado. Más allá del enfoque, la informalidad nuestra, si queremos resolverla, debemos entenderla como un modo y medio de vida de gran parte de la ciudadanía y como un signo cultural y de vitalidad económica del país. Luchar contra la informalidad debe ser un largo proceso de integración nacional que trasciende varios periodos gubernamentales. Tan intrínseca es la informalidad nacional que ella ha permeado al propio Estado; en su ausencia o en su sobre presencia, el propio Estado contribuye con propiciar la informalidad en el país. El propio INEI informa que el Estado el 2007 aportaba con 11.2% a la informalidad laboral (órdenes de servicio) y el 2017 con 11.1%. Hoy debemos añadir el subempleo de los CAS, el subempleo de los cerca de un millón de inmigrantes venezolanos, las propiedades no registradas, las compras públicas menores a 8 UITs, el uso de software piratas, etc. La informalidad es parte de la vida del propio Estado. Un buen inicio, ojala el próximo gobierno lo haga, de lucha sincera contra la informalidad en el Perú debe ser la formalización del propio Estado.

También debemos desechar ese extendido eufemismo que pretende contrabandear la informalidad como sinónimo de emprendimiento. No son lo mismo. Lamentablemente, homogenizar emprendedores con informales evita comprender a la informalidad como fenómeno estructural que debe ser resuelto. La precariedad laboral no debe ocultarse con el agradable término de emprendedor y la informalidad económica no debe soslayarse con el cliché de país de emprendedores. Claro que debemos tener políticas claras para los emprendedores pero sin perder de vista nuestra estructural informalidad.

Luchar contra la informalidad debe ser proceso integral e integrado a la reconstrucción del país post pandemia. Supone entender que nuestra recuperación y reconstrucción post pandemia será un proceso de varios años. Y en ese proceso necesitamos iniciar una sostenida lucha e integración de la informalidad. Tiene que ser un proceso integral. Medidas puntuales y aisladas no sirven. Si nos quitamos los anteojos ideológicos, ojala pudiéramos trabajar, integral y simultáneamente, en las próximas dos décadas, cuando menos 4 dimensiones: laboral, tributaria, financiera y administrativa. Ojala, el próximo gobierno, este a la altura de lo que el Perú le exige.


LA INCAPACIDAD GUBERNAMENTAL. El otro gran aliado de la pandemia del coronavirus para conformar esta trenza mortal en el Perú es la enorme incapacidad gubernamental. Esta también ha sido terreno fértil para la consolidación y multiplicación de esta pandemia en el Perú. Así duela hay que decirlo, un gobierno incapaz e ineficiente en épocas normales, es más ineficiente e incapaz en situaciones de urgencia y emergencia como las que vivimos. Hoy padecemos sus erráticas decisiones: más de 600,000 mil contagiados, más de 50,000 muertos, una economía nacional destruida, siete millones de desempleados, millones de peruanos retornados a la pobreza y extrema pobreza, un estado paralizado, un gobierno nacional desconcertado y con muchos signos de corrupción. Tres han sido sus grandes decisiones políticas: cuarentena nacional de 107 días, subsidios empresariales a través de Reactiva Perú y subsidios populares a través de los bonos. Mano dura y reparto de plata a raudales. Imagen de gobierno fuerte y generoso para combatir la pandemia. Aceptación ciudadana de 90%. Semanas después, la cuarentena no ha funcionado, el subsidio a las empresas se ha estancado y llegado a muchos que no debía y el bono popular además de limitado en monto no ha llegado a todos los que pensaba llegar. Tuvimos una carrera de caballos y parada de borrico. El gobierno ha vivido de lo que nos costó a los peruanos 20 años de crecimiento económico continuo. Ojala que su desorientado derroche de recursos no nos pase una factura abultada para las próximas generaciones. Cada encuesta hoy reduce su aprobación. Esa incapacidad gubernamental del Poder Ejecutivo va de la mano con la limitada capacidad de gestión de las autoridades regionales y municipales y con el inusitado entusiasmo populista del nuevo Congreso de la República. La buena y dedicada labor de algunas autoridades no cambia la visión general de todas ellas. La sacrificada y honorable labor del personal de salud, policías, militares, trabajadores de limpieza, agricultores, comerciantes de mercados, etc. Lamentablemente se pierde en la ineficiencia e incapacidad gubernamental.


La ejecución presupuestal en términos de proyectos de inversión en nuestro país siempre ha estado por debajo de lo esperado. No existe año en que se invierta todo lo que se presupuesta a pesar de las grandes necesidades nacionales. Los últimos años han sido peores que los anteriores y este año, producto de la pandemia también es desastrosa. La ejecución presupuestal regular al 26 de agosto es de apenas 20.1% en los tres niveles de gobierno; y la ejecución presupuestal para combatir la pandemia es de 53%, correspondiendo a los gobiernos locales (acusados de ineficiencia) un 75%, a los regionales 44% y al gobierno nacional 53%. En este rubro el MINSA llega a 45% y Educación al 0.5%. Esta pandemia, en peores liderazgos no pudo encontrarnos.


Por otro lado, es de resaltar que las propias cifras oficiales que dan cuenta de la gestión gubernamental hoy son cuestionadas incluso por los propios profesionales y funcionarios del gobierno. Hay una dolorosa e indignante cifra que, por sí sola, expresa la incapacidad gubernamental, y cada día se la repite en todos los medios. Trata de la cifra de fallecidos por Covid, todos los días el MINSA da cifras que su propia Jefa, la Ministra de la Salud, dice que no son las adecuadas porque los muertos son más del doble. Cómo podemos entender que la jefa del MINSA tenga unas cifras que ella señala que son las que toma en cuenta para decidir y su ministerio dé otra muchísimo menor. Inutilidad total.

A los peruanos nos queda poner el hombro para que este gobierno llegue al fin de su mandato sin empeorar más nuestra situación actual. Cierto, debemos ayudar para que no empeoren las cosas. Pero con mucha seriedad también debemos preocuparnos por el próximo gobierno. El será quien conduzca la reconstrucción nacional. No podemos darnos el lujo de repetir que siempre podemos elegir peor. La nueva vida post pandemia y la vida de nuestros hijos merecen que elijamos mejor. Nuestra nueva vida misma requiere que nos demos una nueva oportunidad.


Rudecindo Vega Carreazo

Exministro y político peruano.