• José Cevasco

DON LIZARDO: "EL GUARDIÁN DE LAS LLAVES DEL CONGRESO".



HISTORIAS CORTAS - I La primera idea que tuve cuando llegué al Senado de la República era que la Oficialía Mayor estaba en manos de un militar o un gendarme, y me sorprendí cuando vi por primera vez al Dr. Lizardo Francisco Ugarte del Pino Oficial Mayor del Senado, abogado de profesión sin uniforme y menos con galones. Yo tenía 17 años y su figura, tonalidad al hablarme y sus gestos de cariño similar a la de un padre, me llenaron de tranquilidad y confianza cuando con sus primeras palabras me daba la bienvenida. Es que don Lizardo conoció a mi padre cuando ambos eran empleados del Senado. Mi padre me llevaba de niño al Senado y es así como don Lizardo me conoció; “te he cargado de chiquito” Julio, tu padre, te traía al Congreso y tu correteabas por los Pasos Perdidos me dijo, cuando me presenté ante él en búsqueda de trabajo.

Cuando conocí a don Lizardo era un señor de figura robusta, de no más de 1.70 cm de altura, medio calvo y tenía un pequeño bigote a la vieja usanza de la moda limeña. Lucía siempre bien trajeado y generalmente con tirantes, usaba camisa blanca o de colores suaves. Su oficina estaba ubicada a la entrada del primer pasadizo del Senado ingresando por la puerta posterior del Congreso.

Sesión de la Junta Preparatoria del Congreso Constituyente 1978- Izquierda Víctor Raúl Haya de la Torre juramenta como presidente de la Asamblea Constituyente ante el Dr. Luis Bedoya Reyes. Al centro el Dr. Lizardo Ugarte del Pino, quien fuera luego Oficial Mayor del Senado en 1980. (Fuente: Archivo Fotográfico del Congreso del Perú)

Como comprenderán a los 17 años todo es aprendizaje, y yo hacía eso; aprendía observando. Pero ojo, yo no tenía un lugar de privilegio para mis observaciones porque durante dos años trabajé como conserje; mi función consistía en limpiar oficinas y baños muy temprano por las mañanas, luego realizaba la función de portapliegos y de portero y por las noches regresando de la universidad, servía cafés y gaseosas a los Senadores en el hemiciclo. En oportunidades y de acuerdo con un turno aprobado por don Carlos Tafur Jefe de Servicios Generales me tocaba, junto con Mario Escobedo Béjar, cariñosamente llamado “bedoyita” esperar a que todos los senadores y empleados abandonaran el edificio, una vez terminada la sesión, para verificar que las luces estén apagadas y que los caños o grifos de los baños no estén abiertos; a este rol de trabajo se le llamaba “guardia” que incluían, además, trabajar por lo menos un sábado y un domingo por mes desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde para realizar la limpieza general de los pasadizos y hemiciclo del Senado.



Senado de la República-1980-1982. De izquierda a derecha; Manuel Morales Díaz, jefe del Archivo de la Dirección General Legislativa, luego lo reemplacé por invitación suya cuando él renunció al Senado. Luego los ujieres Altamirano; Zamudio, Alarcón y Cevasco. Fuente: Archivo Fotográfico del Congreso del Perú. Mario era mi compañero inseparable en el trabajo durante mis años de ujier; cusqueño de nacimiento y de estatura promedio, su apelativo se debía a que el Dr. Luis Bedoya Reyes lo refirió para que pueda entrar a trabajar en la Asamblea Constituyente de 1978. En la reestructuración que hubo luego de aprobarse la Carta Magna, Mario con su apelativo de “bedoyita” pasaron a trabajar al Senado de la República. Recuerdo que algunas veces me cubrió para que pueda llegar tarde, y así pudiera realizar algunas actividades relacionadas con la universidad y que nuestro jefe no se diera cuenta. Afortunadamente a Mario y a mi, nunca nos incluyeron en el tercer turno de la “guardia” que era entre las ocho de la noche hasta las ocho de la mañana, porque esa labor la realizaban el “loco” Alberto Ríos Andrade y el señor Manuel Baquíjano; Ríos, era un empleado muy particular; pequeño de estatura, serrano blanco de pelo negro siempre corto, silbaba y cantaba todo el tiempo, recorría el edificio corriendo y saltando y no había día en que demostrara tristeza. El señor Baquíjano era un negro alto, en su mejor edad habría alcanzado mas de 1.80 cm de altura, de bigotes gruesos de color blanco, de voz grave y pausado al hablar, y arrastraba los pies al caminar por su avanzada edad. Don Manuel me entretenía con las historias del Senado que conoció en sus años de mocedad y de las mujeres que había conocido a profundidad durante el tiempo que trabajó en la institución.

La ubicación que yo tenía como conserje era en la parte inferior de la sala de sesiones y debajo del estrado, y la función que realizaba don Lizardo era siempre detrás del presidente, donde él tenía un escaño adaptado como escritorio que siempre estaba lleno de expedientes legislativos y dos teléfonos, uno para comunicarse con el presidente y el otro para hacerlo con las oficinas, por lo que me era difícil pero no imposible verlo trabajar. Sin embargo, a lo lejos, veía que siempre se acercaba al presidente y por la oreja que el presidente le inclinaba don Lizardo siempre le hablaba y además lo hacia teniendo a la mano un librito de color blanco que después descubrí que era el Reglamento Interior del Senado.


Portada del Reglamento Interior del Senado-1980 y Capítulo XI del Oficial Mayor, Empleados y Personal de Servicio. Archivo General del Congreso.


Pero su función no quedaba sólo en eso, ya que él iba a su oficina y venía, trayendo siempre papeles y en muchas oportunidades lo veía redactando documentos en la máquina de escribir que estaba en la oficina del relator contigua al hemiciclo. Tengan presente que él no enviaba a un ujier a traer documentos, el mismo lo hacía y con una gran velocidad.

Pero las funciones del primer funcionario de un parlamento no se limitan al trabajo en el hemiciclo, don Lizardo siempre recibía a los Senadores para absolverles las consultas de todo carácter; las personales y de las institucionales sin contar de las funciones administrativas propias del funcionamiento de la Cámara.

Rara vez don Lizardo estaba solo en su oficina; a ella acudían también empleados, y funcionarios del Senado como de la Cámara de Diputados. Existían siempre coordinaciones entre los funcionarios del Congreso, sobre aspectos administrativos, y sobre todo asuntos relacionados al trámite de las iniciativas legislativas, no debemos olvidar que ambas Cámaras eran colegisladoras es decir que el procedimiento de una ley pasaba por las dos instancias; los términos insistencia, no insistencia, revisión y conferencia, ya empezaban a sonar en mis orejas y con ellos mi curiosidad para conocer el significado de cada una de ellas.

Visitar en su oficina a don Lizardo era un privilegio, porque no todos los empleados podían hacerlo, pero además era un descubrimiento para mi. Ver una caja fuerte muy grande, donde guardaba las actas, las cintas de grabación magnetofónicas y transcripciones de las sesiones secretas del Senado, y descubrir que su oficina tenía una puerta discreta para salir o entrar a su despacho además de la puerta principal, eran para mi muy novedosas. Luego entendí que hasta la puerta trasera tenía una razón política, porque en oportunidades el parlamentario que deseaba hablar con el funcionario no quería ser visto al momento de entrar o salir y en otras el parlamentario no deseaba que otro parlamentario haciendo antesala se enterase que estaba conversando con el Oficial Mayor. Hubo oportunidades, ejerciendo el cargo de Oficial Mayor, que algún parlamentario deseaba conversar conmigo al momento que yo estaba hablando con otro; en ese caso consultaba con quien estaba en mi despacho y si éste se negaba a que el parlamentario que estaba afuera ingresara pues simplemente tenía que esperar. En otras oportunidades el parlamentario para no ser visto al salir por la puerta principal, lo hacia por las puertas laterales mi despacho.


Sin embargo, lo que más me llamó la atención en la oficina de don Lizardo, era que en la pared de al lado de su escritorio había dos estantes de madera con muchas llaves, ordenadas y numeradas correctamente. Con el tiempo supe que esas llaves pertenecían a las puertas de las oficinas de los Senadores miembros de la Mesa Directiva del Senado y de las oficinas administrativas mas importantes; cada Senador o jefe de Oficina, visitaba por las mañanas al Oficial Mayor para recoger las llaves pertinentes y por la tarde o noche antes de retirarse volvían a visitarlo para entregárselas. Luego supe que al Oficial Mayor le decían el guardián de las llaves del Congreso.

Hay que recordar que, en 1980, sólo tenían oficinas los Senadores de la Comisión Directiva del Senado de la República, los demás senadores usaban la biblioteca y otros ambientes de la Cámara para redactar a puño y letra sus proyectos de ley u otros documentos parlamentarios. Luego de redactarlos había un grupo de mecanógrafos que transcribían el documento para luego ser entregados a la Mesa de Partes que estaba a cargo de don Aníbal Arbañil, pero esto será parte de otra historia. Antes de su muerte don Lizardo me visitó siendo yo Oficial Mayor. Nos dimos un fuerte abrazo, conversamos y recordamos sobre mi inicio como empleado en el parlamento. NI el ni yo imaginamos que en algún momento llegaría a ese cargo, pero me dijo “me gustaría que tu padre te hubiese visto sentado donde estás” y yo le respondí “estoy seguro que lo está haciendo y todo gracias a usted”. Don Lizardo murió el 27 de octubre de 1996 a la edad de 79 años.


José Cevasco Ex OM. del Congreso de la República Agradecimientos: Archivo Fotográfico del Congreso de la República del Perú Archivo General del Congreso de la República del Perú Biblioteca del Congreso de la República del Perú